Wednesday, May 8, 2013
El amor libre sólo sería posible si todos los seres humanos fueran capaces de los máximos esfuerzos morales. Pero la idea del amor libre no se ha inventado con esta finalidad, sino para hacer parecer fácil algo difícil. Propias del amor son la profundidad y la sinceridad del sentimiento, sin las que el amor no es amor sino mero capricho. El amor verdadero establece siempre vínculos duraderos, responsables. Necesita la libertad sólo para la elección, no para la realización. Todo amor verdadero, profundo, es un sacrificio. Carl Jung, “Sobre el amor”
Thursday, May 2, 2013

Lectura en voz alta del Poema I del Hondero Entusiasta (Pablo Neruda).
Música: Piano Conerto No. 2 in F Op. 102: II. Andante - Dimitri Shostakovich

Monday, April 1, 2013

De redes sociales y ficticios retiros indefinidos.

“Retirarse indefinidamente en sí mismo, como Dios tras el sexto día. Imitémosle al menos en eso”.-Emil Cioran

La necesidad de comunicación. Avasalladora, totalitaria. La necesidad de ser querido, requerido, deseado, evocado, como si eso confirmara de algún modo nuestra existencia. Como si no se tratara de una serie de maravillosas casualidades y delicados equilibrios que nos advierten, con su naturaleza, la fragilidad.  Qué más da. Siempre estamos solos. Dichoso quien no ha incorporado a su vida esa certeza.  A veces, es cierto, estamos cerca de los otros, buscando una especie de calor que nos reconforte. Si me preguntan, eso no tiene nada que ver con la soledad. Aquélla es mucho más interna. Es fría, es pétrea, está llena de resquicios sin explorar. Pero nos reconforta de algún modo cuando nos damos cuenta de que permanece, como una plataforma atravesando el cielo de las biografías. Podemos afirmárnosla, como yo en este momento, y sin duda seguiremos rehuyendo su sombra y todo aquello que la sugiera. Ahora, con la tecnología, nos mentimos pensando que no estamos solos porque siempre estamos, de algún modo, conectados. Enterándonos de lo que le sucede a los demás sin tener que invertir tiempo de más en la búsqueda. Manifestando lo menos posible nuestro interés. Como si acercarse a una persona fuera algo automático y determinado, como si se despojara a todo encuentro de su componente voluntario. A mí, lo confieso, me ha gustado siempre. Desde pequeña, la comunicación –y sobre todo la comunicación escrita, más planificable y fácil de adornar que la comunicación oral- me ha fascinado e intrigado. Recuerdo mis ojos abiertos de incredulidad a los 9 años, cuando por primera vez desde una computadora escribí una línea y recibí respuesta, en un antiquísimo foro “latino” de chat llamado LatinChat, de interfase bastante rústica. Recuerdo mis pláticas por ICQ, el mensajero instantáneo de la florecita verde con el pétalo rojo y el clásico sonido “uh-oh” cada vez que llegaba un nuevo mensaje. Debo aceptar que, amante de la tecnología desde pequeña y teniendo acceso a ella casi desde que recuerdo, gran parte de mis relaciones se han visto afectadas por las tecnologías cibernéticas de la comunicación. Sobra decir que Messenger me acompañó durante toda la adolescencia y que aún puedo nombrar diez amigos de la época de la preparatoria con quienes compartí más “chateando” que hablando frente a frente. Para aquellos que éramos algo inseguros, el chat era una perfecta plataforma para estudiar, formular y luego mandar aquellos mensajes que no nos atrevíamos a emitir de forma más directa. Por otro lado y por el mismo, desde que descubrí los blogs a finales del 2003, expresarme a través de la pantalla se ha vuelto una especie de hábito, por no usar la controvertida palabra “adicción”. Zonalibre, Xanga, Blogspot. Y luego en el 2005, el hi5. El inicio del ciber-ligue. A veces, bromeo con mis amigos, diciendo “una historia tan antigua que se remonta al hi5”, refiriéndome a ciber-ligues que han persistido. Y luego myspace, del que tuve que formar parte nada más por no dejar. Y Facebook. Quién hubiera imaginado hace 6 años que el Facebook iba a afectar en nuestras vidas del modo en que lo hace ahora.  Relaciones enteras que nacen a partir del Facebook. Divorcios por mensajes inapropiados en los “muros” de las personas. Fotos comprometedoras que despiertan, a través de la pantalla, al monstruo de los celos. Y toda una serie de nuevos gestos, de mímica a través de la pantalla. Subir una foto nueva. Compartir en tu perfil. Crearte una imagen. Esperar al modo en que los demás participantes cibernéticos la interpretan. La celebran o la ignoran. “Me gusta”. A 165 personas les gusta esto. O a ninguna. ¿Hay diferencia? Encontrar atractivo el modo en que alguna otra persona (del sexo opuesto, o del mismo) se presenta a través de esa página de internet que diseñó un geek veinteañero despechado. Poner un “me gusta; el modo más rápido y sencillo de demostrar interés a alguna otra persona. Picando un botón. Idea de genios. Escribir en el muro, mandar un “inbox”, saludar por el chat. El mundo al alcance de la mano, desde tu cuarto, desde tu pantalla.
No estoy diciendo que esté mal. A mí me encanta, y, a mi modo, le saco todo el jugo posible. Sólo recapitulo. Y ni hablar, también tengo tuiter, un blog en Blogger y, por si todo esto fuera poco, tumblr. Y stumbleupon, y 8tracks, y SoundCloud, y algunas otras con funciones más diversas que la socialización. A lo que voy es que me confieso una adicta a estas tecnologías. Eso jamás ha estado en duda. Pero no me olvido de mis primeras experiencias de LatinChat, “chateando” con personas aleatorias, inventándome diversísimas vidas inexistentes, donde tenía a veces dieciocho años, a veces veintiuno, a veces veinticinco. Era a veces estudiante, a veces escritora, incluso a veces aeromoza, cuando mi imaginación se agitaba más que de costumbre. No me olvido de que, a mis nueve años, me hice de dos o tres novios, seres anónimos del internet, que esperaban ansiosos nuestros encuentros cibernéticos o que le enviaban, a esa aeromoza ficticia de veintiún años “postales animadas” en esos cumpleaños que yo le asignaba en la fantasía. No me olvido de que, a través de la pantalla, sin poner la cara, es mucho más fácil la mentira. No me pasa desapercibido el hecho de que Facebook (y otras redes sociales) nos ayuda a crearnos un personaje que interactúa con otros muchos. De que las personas físicas estamos lejos, tras nuestras computadoras, y que estamos aquí porque lo hemos decidido así, porque  hemos renunciado incluso a la proximidad, porque hemos elegido la comodidad antes que el esfuerzo en la búsqueda de contacto humano. No puedo sacarme de la cabeza la idea de que nos engañamos, de que nos creemos más acompañados cuando en realidad estamos cada vez más solos. De que nos dan atole con el dedo. Tienes 986 amigos. ¿Quién, alguna vez en la vida, ha tenido más de 5? Tienes 17 mensajes sin leer. A 32 personas les gusta tu estado. Diez personas han comentado tu foto. Como si eso significara algo. Pero sí, para completar el sistema tenemos que impregnar todos estos “gestos” de significados. Retroalimentarnos. Imaginarnos una contigüidad que, aunque simulada, es tranquilizadora. La magnificación de la dependencia, y su simultánea economía. La construcción virtual de una mentira. Sí, una mentira. Sin ser dramática, hay momentos en que, envuelta dentro de toda esta red de formas que hace treinta años hubieran sido impensables, me dan ganas de aseverar de pronto, mirando la ausencia de vida de mi pantalla: Sí. Estamos solos. 

Sunday, March 31, 2013
Y hoja al aire, tristísima, la hoguera
contempla la incendiaria sed del tiempo.
José Emilio Pacheco (via citasycitas)
Monday, March 25, 2013
Todas las cosas deben ser contadas cuando llega el momento. Si no, uno sigue eternamente encadenado a su secreto”. Haruki Murakami, Sputnik, mi amor (via citasycitas)
Thursday, March 14, 2013

…del arte.

Nunca aprendí a tocar ningún instrumento, no dibujaré ni esculpiré jamás una obra estética; no tengo más arte que el que intento vanamente impregnar en mis palabras.

Monday, March 11, 2013

La otra copa del brindis - Mario Benedetti

Al principio ella fue una serena conflagración 
un rostro que no fingía ni siquiera su belleza 
unas manos que de a poco inventaban un lenguaje 
una piel memorable y convicta 
una mirada limpia sin traiciones 
una voz que caldeaba la risa 
unos labios nupciales 
un brindis 

es increíble pero a pesar de todo 
él tuvo tiempo para decirse 
qué sencillo y también 
no importa que el futuro 
sea una oscura maleza 

la manera tan poco suntuaria 
que escogieron sus mutuas tentaciones 
fue un estupor alegre 
sin culpa ni disculpa 
él se sintió optimista 
nutrido 
renovado 
tan lejos del sollozo y la nostalgia 
tan cómodo en su sangre y en la de ella 
tan vivo sobre el vértice de musgo 
tan hallado en la espera 
que después del amor salió a la noche 
sin luna y no importaba 
sin gente y no importaba 
sin dios y no importaba 
a desmontar la anécdota 
a componer la euforia 
a recoger su parte del botín 

mas su mitad de amor 
se negó a ser mitad 
y de pronto él sintió 
que sin ella sus brazos estaban tan vacíos 
que sin ella sus ojos no tenían qué mirar 
que sin ella su cuerpo de ningún modo era 
la otra copa del brindis 

y de nuevo se dijo 
qué sencillo 
pero ahora 
lamentó que el futuro fuera oscura maleza 

sólo entonces pensó en ella 
eligiéndola 
y sin dolor sin desesperaciones 
sin angustia y sin miedo 
dócilmente empezó 
como otras noches 
a necesitarla.


De pronto me ronda…

…ese pensamiento de que aquí  andamos todos así, estrellándonos contra nuestros escudos emocionales, cambiándolos de posición para poder tener acercamientos sin bajarlos del todo y  volviéndonos a estrellar. Rozando de vez en vez nuestras corazas, adivinando bajo ellas nuestras pieles y huyendo despavoridos, repelidos por  el presentimiento del escudo que vuelve a levantarse, vuelve a chocar y se acomoda de un modo distinto, mientras que nosotros seguimos fingiendo que así son las relaciones, pretendiendo integridad…

Thursday, February 28, 2013
Hastío -pajarraco
de mis horas-. ¡Hastío!
Te ofrendo mi futuro
Juan José Domenchina (via citasycitas)
Wednesday, February 27, 2013